No existe hombre ni mujer que haya dejado de padecer trastornos sexuales en algún momento de su vida, como impotencia, frigidez, eyaculación precoz, vaginismo o anestesia genital.

A veces el modo de presentación de estos trastornos es la inapetencia sexual, como razón de la consulta o como acusación a la pareja. La impotencia puede ir desde la incapacidad de sostener relaciones sexuales hasta la carencia afectiva mientras se las mantiene.

Sería un error, en el que el analista no cae, pretender resolver los síntomas sin atender a su momento y modo de aparición y a las vicisitudes del paciente en todos los otros ámbitos de su vida.

 

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