Aunque hoy se suele etiquetar a la neurosis obsesiva como TOC  (trastorno obsesivo compulsivo) no hay duda de que hablar del “pensar obsesivo” nos permite reconocer en él deseos, tentaciones, impulsos, reflexiones, dudas, mandamientos y prohibiciones.

Por eso el síntoma principal de esta dolencia es la cavilación, da una y mil vueltas antes de tomar una decisión o de ejercitar una acción, apareciendo como inhibido, dudando de todo menos del dudar, sintiéndose culpable por faltas o delitos que no ha cometido en la realidad (aunque sí en su psiquismo inconsciente). Por temor a ser mortal –humano- vive sin deseo, como un muerto.

El análisis de estos sujetos, que suelen ser de una gran capacidad intelectual, permite remover aquello que los limita y empobrece porque tienen orientada toda su inteligencia al servicio de las fórmulas protectoras, las dudas, los ceremoniales y los rituales con los que tratan, inútilmente, de conjurar los peligros y las amenazas que sienten cernirse sobre ellos desde su propio interior.

 

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