Generalmente se tiende a considerar que la fobia es un miedo inexplicablemente intenso e irracional a lo social, a una situación, una escena, un objeto o un animal. Si nos quedamos en el miedo, presente en todas las fobias, evitaremos entender el papel determinante de la angustia.

Quiere decir que el miedo no puede ser considerado en ningún caso como algo primitivo en la aparición de una fobia. El miedo (a un objeto concreto) interviene como un sentimiento que defiende al sujeto de algo completamente  distinto como es la angustia que por naturaleza carece de algo concreto a que referirla.

La fobia como “miedo a” es una protección contra la angustia. Una protección que puede llevar a paralizar al sujeto. Donde la angustia mantendría al sujeto sumergido en su falta de límites y de representación, el miedo viene a reestructurar al mundo en una serie de puntos peligrosos y zonas de alarma.

Una intervención analítica eficaz requiere no dejarse enredar en la maraña de miedos, pero atendiendo a la singularidad que en cada caso adquiere el discurso sobre las características y los objetos de estos miedos.

 

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