A veces el desacuerdo entre los adultos de la familia se traduce en un denso silencio o en un constante estado de riña, gritos y “malas caras”, con los niños como espectadores y, muchas veces, inocentes víctimas del mal humor reinante.

Van y vienen acusaciones sobre quién hace más o menos en la casa o en la crianza de los hijos. O bien, las interminables disputas acerca de quién comenzó la disputa.

En las entrevistas el analista ayudará a que surjan las verdaderas razones del conflicto, aquellas que, desde la sombra, acentúan los motivos concientes de las disputas, esos sobre los que los mismos protagonistas de las peleas suelen manifestar su extrañeza por su aparente insignificancia.

 

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